Hace cerca de dos años, mi hermana me hizo una pregunta, quería que le explicara cuál era la tercera dimensión y en seguida intenté hacerle entender lo que era la profundidad o el ‘eje z’. Sin embargo, todo se salió de control cuando mi hermana terminó confundiendo términos y empezó a mofarse de mi explicación. Cabe recalcar que mi hermana es burlista de nacimiento (puedes estar muriéndote porque un perro te quitó la cabeza, pero ella se reirá hasta más no poder).
Con esto y con mi padre en la plática con la misma actitud de burla, recuerdo que no soporté más y terminé gritándole a mi padre de una manera bestial (como solo grita un animal o bestia, de forma irracional). Recuerdo todavía el momento exacto, recuerdo todavía las palabras y lo que es peor, la mirada de mi padre, que tal vez no se merecía mi respeto (no fue un angelito que digamos), pero tampoco merecía una falta de respeto como esa, y no solo porque fuera mi padre, sino porque nadie tiene derecho a insultar a otra persona.
Todavía recuerdo que, sin mirarme a mí, los ojos se le llenaron de lágrimas y al final, quien no pudo soportar el llanto fui yo.
Quisiera borrar ese momento en mi vida, quisiera no verle el rostro a mi padre todos los días y recordar ese momento exacto, quisiera que aquella noche de septiembre no nos hubieramos visto… pero no puedo cambiar nada.
Probablemente esta sea la única cosa de la que me arrepiento y la vez que entendí que si quería cambiar el mundo, tenía que empezar conmigo mismo.